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Del asunto del comportamiento adictivo

1.

Todos tenemos comportamientos adictivos recurrentes. El mecanismo detrás de la adicción es en esencia un movimiento de escape del presente.  Trabajo, drogas, entretenimiento, comida, la televisión el teléfono. En fin, detrás de gran mayoría de nuestros comportamientos subyace el sutil mecanismo que conforma la naturaleza de las adicciones. 

Pero precisamente qué significa ese mecanismo al que estoy haciendo referencia?, tratemos de describirlo. Pues de manera sencilla se trata de la búsqueda constante de distracciones. Para qué? pues para huir del momento presente. Un movimiento de la atención que pretende huir del momento presente donde ocurre un despliegue de emociones que no queremos sentir.

Muy sencillo. Lo que estoy sintiendo en este momento no me gusta, y mi mecanismo de defensa inconsciente es correr hacia otro lado. Los casos más graves terminan en drogas. Los más leves son los mecanismos cotidianos y ordinarios que todos nosotros podemos identificar si prestamos la atención necesaria.

En última instancia una adicción sería la conducta mencionada pero llevada al extremo de lo patológico. Con la consecuente dependencia química al estímulo o la sustancia y todo lo que eso conlleva. No quiero analizar aquello en este artículo. Sólo quiero comunicar el entendimiento de que el esquema básico de las adicciones es aplicable a todos nosotros.

En mi opinión somos una sociedad esencialmente adicta. Estamos constantemente en fuga de lo que ocurre en el interior de nosotros mismos. Somos una sociedad consumista y dependiente. Para muchos el sentido de la vida se encuentra en perseguir más experiencias y lograr mayor cantidad de dosis de placer.

2.

El otro día descubrí algo maravilloso. Un sutil mecanismo de este tipo que había sido parte de mi toda mi vida y aún había logrado pasar inadvertido. Siendo parte determinante de mi manera de ser, fue como un milagro reconocerlo. 

La adicción a racionalizar. La adicción al pensamiento, y con ello también la adicción al debate, a la discusión. En resumen, la adicción a las palabras.

Normalmente cuando ocurría cualquier malestar con mi mujer mi naturaleza me llevaba a buscar la discusión y el debate. Más aún, mi mente buscaba entender lo que estaba ocurriendo, es decir, racionalizarlo, esa es la manera en que yo siempre enfrenté todos los problemas de mi vida. Racionalizar me salvaba pensaba yo.

Ahora sospecho que eso que yo pensaba que me salvaba sólo estaba alimentando los problemas, o lo que es peor aun, estaba creándolos con ello.

Cuando ya había dicho algo que me había molestado y yo ya había tratado de entrar en debate por ello,  mi mujer se volteó y me dijo que no quería hablar. Su reacción a mi posición de conflicto fue simplemente pararme de un golpe.

Entonces experimenté un nítido cuadro de síndrome de abstinencia. Sólo quería hablar lo que había ocurrido, necesitaba consumir palabras, sólo quería discutir, quería gritar. Pero me quedé en silencio.

Hablar era mi mecanismo de huída y me di cuenta en ese preciso instante. Era la manera de distraerme de modo que no tuviera que estar con la emoción que habían detonado sus palabras y que estaba sintiendo.

Lo increíble era lo difícil que me resultó mantenerme lejos de ese recurso. Cuando mi mujer determinantemente me prohibió hablar, y yo sabía que esta vez hablaba en serio, sentía que no podía estar en silencio. Sólo necesitaba hablar, era sin duda una compulsión. Necesitaba debatir. Ardía en furia por no poder hablar.

Entonces ocurrió que por milagro y porque mi mujer sin saberlo me había esquinado, me quedé atento a la emoción, al momento presente con lo que traía. Y entonces sentí con toda mi atención la ira que había y que bullía dentro. Era una energía fantásticamente poderosa, la sentí y la permití. Ocurrió que todos los pensamientos eran observados con tanto desapego como la emoción de la ira misma.

Claro que el pensamiento buscó otras salidas, y como ya era tarde y estaba tendido en la cama no habían tantas. Quise pararme y buscar mi teléfono o prender la televisión pero decidí mantener el ejercicio de quedarme quieto atendiendo a todo lo que surgía de mi interior. Al cabo de un rato la ira fue desvaneciéndose.

Me quedó la maravillosa revelación de que mi vida entera había estado huyendo de las emociones, para refugiarme en el mundo virtual del pensamiento, siempre tratando de entenderlo todo, racionalizando o peor aún discutiendo y todo solamente para huir y de esa manera negar y no enfrentar la emoción de manera directa.  Me había convertido en un gran creador de problemas.

El problema nunca es real, la emoción en cambio sí lo es. Lo paradójico es que solemos entretenernos con el problema, con la narrativa del conflicto y no con la emoción misma. Anoche cambié de foco, lo puse en la emoción y ocurrió la magia que acabo de compartirles.

….

MATEO


3 comentarios
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Comentarios

  • Maria del Carmen

    febrero 23, 2019 at 2:37 am
    Responder comentario

    Gracias..!!! Me sentí totalmente identificada. Voy a prestar especial atención. A mí me pasa que quiero saber todo...entenderlo todo. Uff... muy desgastante.

    • Mateo
      to Maria del Carmen

      febrero 27, 2019 at 10:05 pm
      Responder comentario

      me pasa exactamente lo mismo. Y está muy bien, de ese modo la vida es una aventura. Sólo que en ocasiones es también un cuchillo […] Leer másme pasa exactamente lo mismo. Y está muy bien, de ese modo la vida es una aventura. Sólo que en ocasiones es también un cuchillo de doble filo. Además creo que todos somos adictos al pensamiento. En todo caso mejor un pensamiento que indaga y busca entender que el monólogo bobo y doméstico que escuchamos la mayoría. La inteligencia tiene que cumplir su función, la de mostrarnos nuestra verdad más íntima. SALUDOS y gracias por comentar Leer menos

  • Endrina

    diciembre 20, 2018 at 3:25 am
    Responder comentario

    Conmovedor, bello, útil, pausa, observación, paz, agradecimiento.

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