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Me veo, me acepto

Seguramente en alguna ocasión casi todos hemos escuchado hablar de nuestra “famosa sombra”, la parte “oscura o negativa” que tenemos y que creo muchos de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos querido deshacernos de ella o negar que existe. Sin embargo no es  tarea sencilla eliminar esos aspectos que creemos no deberían formar parte de nosotros ni de nuestras vidas.

En esta ocasión comparto mi experiencia de como he  trabajado y trabajo con mi propia sombra esperando que puedas tú también encontrar algo que te ayude en tu propio proceso.

No cabe duda que la fuerza más poderosa que existe es el amor y que a través de éste y de la compasión es posible llegar a lugares muy profundos, tal vez oscuros y dolorosos, darles espacio y aceptarlos como parte nuestra historia, de nuestro ser y así poder irlos sanando poco a poco.

Encontrarme con mi sombra no ha sido fácil, han habido momentos en que siento que todo es complicado, que nada vale la pena ni tiene sentido.

 Y entonces me pregunto:

¿Cómo es posible enterrar en lo más profundo de mí todas éstas emociones e ir caminando por la vida con ellas, como una roca pesada que me acompaña en todo momento y a la que ni siquiera soy capaz de reconocer?

¿Cómo puedo estar en la vida de una manera más auténtica y plena si no soy capaz de ver y aceptar todo aquello que me estorba y me impide estar en el ahora de una manera más plena?

Es como nadar contra corriente y querer llegar al otro lado del río con dos pesas atadas a los pies. Siempre tratando, esforzándome y luchando conmigo misma y con la realidad.

Y cuando creo que lo voy logrando el peso me vuelve a jalar otra vez hacia el fondo.

Pase muchísimo tiempo intentando  de mil y un maneras, obteniendo siempre los mismos resultados y regresando a los mismos lugares de ansiedad, desesperación y por supuesto dolor.

Primero que nada fue necesario parar; si, parar de luchar y tratar de salir de esas actitudes que tanto me estorbaban.

Darme cuenta de que la fórmula no era a través del esfuerzo constante por ser otra cosa que no soy y negar lo que realmente habitaba en mi ser. Era necesario reconocer lo que sucedía y voltear a ver esas pesadas bolsas de piedras atadas a mí y que tomaría tiempo y paciencia aflojar esos nudos para que poco a poco fueran cayendo una a una y así pudiera yo nadar más ligera …

Decidirme a trabajar por mí, por la luz, por el amor; aceptar que eso que tanto me estorbaba estaba ahí y no era ignorando o negándolo como podría avanzar, debía de empezar por reconocerlo, mirarlo y aceptarlo como parte de lo que soy.

¡Asusta, si! Porque hemos aprendido que debemos ser de una u otra manera y todo lo que se oponga a lo que creemos es “bueno” no será aceptado por los demás ni por  nosotros mismos.

Es este un camino de buscadores, de guerreros, de valientes.

 Sentarme y poner enfrente a mi peor enemigo YO MISMO y mirar cara cara a eso que es parte de mí, escucharlo y permitirle ser, dejándolo estar el tiempo que sea necesario,   dar espacio a todas esas emociones que están constantemente queriendo salir,  y no solamente reconocerlas, si no también sentirlas.  

Miedo, enojo, vulnerabilidad, inseguridad, manipulación, tristeza, coraje, vacío…

Todo esto ha formado parte de lo que soy y he querido esconder durante muchísimo tiempo en lo más profundo de mi ser.

Al negar durante tanto tiempo que todo esto formaba también parte de mí, estas energías que tanto reprimía solamente cobraban más fuerza, y al querer controlar todo ese remolino de emociones negándome una y otra vez a verlas lo único que sucedía era que ellas actuaban en mi elevando mis niveles de ansiedad a tope, entrando en largos periodos de desconexión y ausencia  con una gran inacapacidad para poder disfrutar y vivir plenamente la vida.

Por momentos el miedo es aterrador y he podido sentir que nunca podré salir de esos lugares oscuros, sentir una desesperación tal que podría enloquecer, o que el dolor llega a ser tan profundo que me devorará hasta desaparecer.

Aprender a darle espacio a cualquier emoción que llega en el momento, abrir la cloaca y que saliera lo que tuviera que salir  simplemente porque ahí estaba, pero también estaba ya YO dispuesta para mí, para reconocerme, aceptarme y sostenerme con toda la compasión que me fuera posible encontrar desde mis lugares más amorosos y sensibles.

Ha sido para mí el encuentro más cálido que he podido sentir, ir aprendiendo poco a poco y con mucha paciencia a amar también esas partes de mi ser, aceptarlas y a saber que están ahí por alguna razón y que necesitan ser atendidas, escuchadas y sentidas, y así sin buscar desaparecerlas de mi vida de alguna manera he podido ver como han ido perdiendo fuerza día a día.

Realmente no es necesario hacer nada con ellas, solo verlas y darles un sí; darnos toda esa aceptación que continuamente buscamos en el exterior y que es imposible encontrar afuera.

El camino es hacia adentro, el encuentro es con nosotros mismos, porque el amor está ahí, es ahí, somos ese amor que tanto anhelamos.

 Creo fielmente que no hay forma de trascender algo sin poderlo reconocer, aceptar y abrazar, por muy escondido que lo tenga si no lo veo y lo asumo completamente estas emociones negadas seguirán tomándome desprevenida y llevándome por la vida como un barco a la deriva.

Hoy te escucho, hoy te veo, hoy te acepto, no te niego más eres parte de mi, así sin juicios estas aquí pero no me tomas tan fácilmente ahora yo te tomo a ti y te veo, te reconozco, te escucho y te siento.

Hoy me atrevo a ponerle luz a mi oscuridad y es así como he aprendido a aceptarme, a reconocerme, a amarme y a ser simplemente lo que soy. Cuando acepto, reconozco y siento mis sombras puedo ver también con mayor brillo y claridad mis luces, puedo gozar más intensamente, puedo reír a carcajadas por cosas simples, puedo disfrutar con mayor presencia y profundidad los pequeños momentos sencillos que la vida me regala, puedo ser más auténtica, más yo.

Sé que esto no tiene un final, ni una meta, esto es simplemente el camino de vida que yo he elegido y que me hace feliz, el trabajo del autoconocimiento.

 Aún en los momentos más difíciles poderme ver ahí conmigo y saber que estoy YO para mí, siempre sostenida por la Luz por esa fuerza maravillosa a la que llamamos Dios.

No podría decir que he superado mis sombras, pues sería una gran mentira, ellas siguen y me acompañan, pero ya de una manera distinta, más suaves a veces y otras intensas, sin embargo el poder acompañarme y sostenerme en los momentos en que me encuentro vulnerable me ha dado muchísima paz y esto hace que hoy pueda ya vivir con una mayor plenitud y armonía haciéndome cargo de mi misma.

….

MAJO

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