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Una sencilla verdad

Quiero hacer una observación muy sencilla sobre la naturaleza de la realidad. Pensemos en cualquier objeto, por ejemplo una silla, para ilustrar esta idea. Vamos a suponer que estamos todos juntos en un cuarto y en el centro de nosotros hay una silla vacía.

Reflexionar acerca de la realidad objetiva de la silla. Primero habrá que notar que la visión que cada uno de nosotros tiene de la silla es distinta. Todas muy similares pero en ultima instancia, distintas. Y esto por el obvio motivo de que aparentemente cada uno de nosotros ocupa un espacio diferente y por ello sólo puede observar la silla desde su particular punto de vista.

Tenemos entonces tantas visiones de la silla, como personas percibiéndola. Cada una de ellas indiscutiblemente diferente. No hay dos sillas percibidas iguales.

La pregunta interesante ahora es la siguiente: ¿De todas las imágenes distintas que tenemos de la silla, cuál de ellas es la correcta?, ¿Cuál de ellas es la imagen que tendría esa silla si nosotros como observadores no estuviéramos ahí?. Es decir, cuándo nos volteamos o salimos del cuarto, ¿Esa silla sigue existiendo, y de qué manera?, ¿Cuál es su supuesta realidad objetiva?, ¿Desde qué ángulo se vería entonces?.

La respuesta es fantástica y sencilla, y de lo más reveladora. Pues claro que no estaría la silla si no fuera percibida. Porque no existe una realidad objetiva ajena e independiente del observador. En el acto de observar la silla es creada. La conciencia está creando la realidad. De hecho la realidad es solo una apariencia y lo único real es la conciencia donde la percepción toma forma de silla.

Y si entendemos esto, la conclusión inmediata sería que la realidad objetiva del mundo tampoco existe. Es decir, la realidad se despliega en un eterno presente tomando formas magníficas y absolutamente coherentes siempre, pero en el fondo ésta no tiene realidad absoluta. Es el milagro de la vida o la conciencia. La realidad objetiva es una creación magnifica extraordinariamente exquisita y perfecta. Pero su existencia es dependiente de la conciencia.

Por eso los maestros dicen que el mundo está en nosotros, no somos nosotros los que estamos en un mundo. La conciencia no sólo es la creadora de todo lo que es percibido, sino al mismo tiempo es la fuente misma de lo percibido, la cualidad de lo que en última instancia todo está hecho, y a la vez es el campo inagotable de potencial infinito de todo lo que habrá de actualizarse. En última instancia, dado que nuestra naturaleza más íntima es la conciencia, pues el mundo somos nosotros mismos.

Sólo para los escépticos volvamos al argumento central tratando de responder a esta pegunta: ¿Hay manera de probar la realidad objetiva del mundo?.

Lo único que realmente podemos probar es la percepción del mismo. La realidad externa y objetiva es sólo una especulación. Vivimos aceptando la creencia de que existe este mundo externo independiente de nosotros hecho de materia, sin cuestionarlo. ¿Alguna vez alguien ha podido conocer algo más allá de la conciencia?, ¡Imposible! porque todo conocer ocurre aquí y ahora en el eterno presente. En esta conciencia que somos. Fuera de ella no se puede demostrar la realidad de nada.

Es una revelación magnifica. Al menos una posibilidad que no debe ser menospreciada. Eso nos convierte a nosotros, desde la perspectiva de la conciencia o vida misma los creadores de la realidad. De ahí que somos Dios.

Somos la amable percepción de un mundo complejo y milagroso creándose instante a instante. Y no somos criaturas animales y pensantes en un mundo inconmensurablemente grande y hostil. Es decir, no somos un pedacito insignificante de un todo mayúsculo. Nosotros somos la totalidad del mundo experimentado por nosotros mismos, y abarcamos absolutamente toda su complejidad y maravilla.

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MATEO

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