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YO SOY

He is the inner Self of all,

Hidden like a little flame in the heart.

Only by the still mind can be knowned.

Those who realize him become immortal.

The Faces of God. SHVETASHVATARA UPANISHAD

¿QUIEN SOY?

Dicen que en el oráculo de Delfos en Grecia antigua había un letrero en la entrada que decía: Conócete a ti mismo. Para muchos sabios esta es la única pregunta que tiene sentido hacerse y se dice que grandes bendiciones proceden del conocimiento que otorga su respuesta.

Hablemos entonces sobre este enigma. De modo que lo primero que quiero decir al respecto es que es imposible conocerse a uno mismo en el sentido que nosotros tenemos de la palabra conocimiento.

Bueno pues, yo puedo conocer una planta, en tanto puedo describirla con el lenguaje, puedo conceptualizarla y puedo percibirla. De igual modo pienso que conozco todas las cosas que creo conocer porque soy capaz de describirlas en palabras, y percibirlas con los sentidos. Puedo tener una imagen mental de todas las cosas que conozco. Pero ¿Puedo conocerme a mi mismo de esa manera?

Para conocerme de este modo la primera traba sería que tendría que hacer una descripción en múltiples niveles. Soy un cuerpo, soy una complejidad sicológica, soy una historia, una personalidad, etc.

Pero todo ello queda sin suelo cuando entiendo que la descripción que pienso que hago de mi mismo es tanto relativa como condicionada y cambiante. No hay certeza en una descripción así por más fiel que crea que sea y por más audaz que sea con mis descripciones.

Peor aún, ¿Puedo ser algo distinto todo el tiempo? Cuerpo, personalidad, creencias, todo eso cambia. ¿Puede ser acaso que lo que soy varíe de un momento a otro?

Y entonces surge la cuestión. ¿No hay acaso algo constante en mi mismo que sea conocible y al mismo tiempo inmutable y pueda llamarlo YO? ¿Qué cosa es eso que era Yo cuando tenía 3 años y que sigo siendo ahora que tenga 36? Pues llegar a una respuesta así tendría auténtico sentido.

La belleza del asunto en mi opinión es que claro que puedo acceder de manera directa a esta naturaleza que yo soy y que no es objetiva y por eso tampoco cambiante. Se trata de llegar a la raíz del Yo, y entender esa verdad como nuestra auténtica naturaleza. Como la respuesta a la pregunta en cuestión.

En un sentido no me puedo conocer, no me puedo describir, no me puedo señalar, pero sí puedo Ser.

Claro ahora me dirán que siempre somos. Yo siempre soy, eso es obvio. Pues claro, siempre soy, pero nunca soy consciente de ello. Conocerme en realidad significa Ser concientemente. El acto de Ser es el acto de conocerse. ¨Yo Soy¨ por eso siempre ha sido la frase sagrada de muchas doctrinas místicas y metafísicas.

Yo Soy es el poder que permite que todo lo demás sea. Yo soy es anterior al mundo. Anterior al individuo, anterior al pensamiento. El mundo ocurre en uno mismo. Uno mismo Es y sólo eso es indiscutible. Que Yo Soy está fuera de discusión, y es desde ahí, o mejor dicho Yo Soy quien conoce un mundo.

Si cierro los ojos ahora mismo y pregunto Quien Soy, y además presto total atención a la pregunta, sabremos que la respuesta es el silencio, y que cualquier respuesta en el plano de las palabras será cuanto menos parcial y limitada, y si nos ponemos más estrictos, falsa.

Somos el silencio que responde a esa pregunta. Eso es lo que Somos. Antes que las palabras, con 3 o con 36 años, cambie lo que cambie, eso es lo que siempre somos. La vida misma. Y eso es lo que Todos Somos. Es el común denominador que nos vuelve a todos uno.

Lo efímero de la personalidad, lo eternamente cambiante, ocurre en la dimensión relativa de la percepción y el lenguaje. Todo ello alude al mundo de las cosas, pero todo tiene su suelo en este Yo Soy. Se trata del suelo mismo de la existencia. Se trata del sustrato de todas las experiencias.

Y la meditación siempre ha sido eso mismo. El reconocimiento de nuestra auténtica naturaleza y el reposo en ella misma. El poder de poner la atención en uno mismo, es decir: Ser conscientemente. Reposando en mi mismo, en el Yo Soy que soy y siempre he sido, se despliega el poder inimaginable de nuestra verdadera naturaleza.

….

MATEO

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